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15/10/09

Me ineptum, La Rioja

Esto no es un sueño, quizás lo fue en su día y al volverse realidad hay que dejar constancia de ello.

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Todos los años durante el mes de octubre celebramos lo incelebrable, aquella fecha que no se puede decir porqué todo el mundo pregunta QUÉ se celebra.


Celebramos un beso, celebramos un acto de amor, un hallazgo, una infidelidad, un fracaso… celebramos un acto, un recuerdo.

No hay regalos ese día, sino un momento de reflexión, un acto de placer, un viaje, un teatro, un concierto. Lo importante es que haya un acto o una visión.

Este año ha tocado viaje a la Rioja. Esta es una versión muy sui generis de mis impresiones.


Lunae dies octavo mes

Parando en Logroño para comer, siempre digo ¿qué se me ha perdido aquí? Pero llegar a la hora de comer y pasear por la calle Laurel y los alrededores se convierte en una maravilla que despierta mis jugos gástricos. Impresionantes sus “zapatillas”, “calzoncillos” y todo tipo de tapas con un vino tomado sobre las cubas situadas en medio de la calle y por poco dinero.

Directo a San Millán de la Cogolla, instalados en el Monasterio de Yuso, quisimos crecer en vertical y subimos al Monasterio de Suso por uno de los senderos, el de Aidillo (20 minutillos) que conecta a ambos monasterios. A esa hora en que el sol se va poniendo, la vista es muy relajante sobre el valle que forma el río Cárdenas y el monasterio de Yuso al fondo. Recogimos castañas. La bajada realizada por otro de los senderos, el de Labardera, te devuelve la paz, entre pinares. No hay miedo, nadie puede hacerte daño en un lugar así. Ya estás a salvo. Dormir entre paredes de piedra te concilia con tu alrededor.

Mens sana in corpore sano, Orandum est ut sit mens sana in corpore sano, reza para tener una mente sana en un cuerpo sano.


Martis dies octavo mes

Una cercana escapada a un lugar para siempre grabado en mi corazón, los alrededores del Santuario de Valvanera antes de empezar con la ruta de los vinos. Altitud 1000 metros. Cielo azul como el más puro cielo azul. Bajar por el camino de tierra de la parte trasera del edificio, unos metros más adelante, un cuartito de hora andando y al llegar a la curva bajando bajando hasta el mismo río. El origen de su nombre es Vallis Venaria: valle de las venas o Vallis Venie : valle del perdón. A cual más propio.

Me ineptum

Embelesados por el paisaje y por no volver atrás, la diferencia de altura se hace más importante, subir por el mismo camino se hace impensable. Mejor buscar un nuevo camino que nos vuelva al santuario que aparece como colgando desde el monte, engañándonos con su cercanía. Campo través, arriba en línea recta. Me ineptum. No existe la línea recta en un monte. Subida difícil, final interminable, ignorando el escarpado. Vértigo. No hay salida visible. Hay que volver sobre los mismos pasos. Zarzas, rasguños, heridas.
Errare humanum est, recordaba mi mente a Séneca.

A la vuelta, más creyentes, encontramos el santuario abierto y acceso a la virgen románica con su niño en brazos, solitarios. Como una válvula de escape, la moneda al pie de la virgen nos ofrecía su imagen para expiar nuestros pecados y nuestra incompetencia ante la naturaleza, besarla y agradecerla.
Me ineptum. Mea culpa.




Proxima entrada:
Ars longa, vita brevis
Si vis pacem, parabellum

15/7/09

Cabo de Gata



Q u i e r o v o l v e r

Y v o l v e r, v o l v e r, v o l v e r.